Todo se hace aquí
Croquetas, salsas, flan y torrijas. Si no lo hemos hecho nosotros, no está en la carta.
Detrás de la barra
Una cocina pequeña, dos fogones que no paran y un cuaderno de recetas con manchas de aceite. Aquí se guisa como en casa, solo que para más gente.
Nuestra historia
Las recetas vienen de un cuaderno de la abuela Maruja, escrito a lápiz y corregido a boli durante cuarenta años. Lo abrimos poco, porque casi todo nos lo sabemos de memoria, pero sigue ahí, en la balda de las especias.
No hacemos cocina de autor ni platos que necesiten explicación. Hacemos tortilla, croquetas, callos los domingos y lo que diga el mercado. Lo único que no negociamos es el tiempo: la bechamel se remueve hasta que está, y el caldo empieza antes de que abramos la puerta.
Un día cualquiera
Así se reparte una jornada en una cocina donde caben dos personas y media.
Pescado, verdura y lo que haya bonito. De ahí sale la pizarra del día.
Huesos, verduras y paciencia. Huele hasta en la calle.
Cuarenta minutos removiendo con cuchara de palo. Sin atajos.
Primeras tortillas, primeros vermuts y los vecinos de siempre.
Plancha caliente, raciones al centro y la barra llena hasta arriba.
Fogones limpios, croquetas formadas para mañana y luces fuera.
Tres normas de la casa
Croquetas, salsas, flan y torrijas. Si no lo hemos hecho nosotros, no está en la carta.
Si un día no hay boquerones buenos, ese día no hay boquerones.
Siempre en la mesa, sin pedirlo. Una cazuela de gambas sin pan no tiene sentido.