Siete Tejas

Detrás de la barra

La cocina

Una cocina pequeña, dos fogones que no paran y un cuaderno de recetas con manchas de aceite. Aquí se guisa como en casa, solo que para más gente.

Nuestra historia

«Si la croqueta no se rompe al morderla, no es nuestra.»

Las recetas vienen de un cuaderno de la abuela Maruja, escrito a lápiz y corregido a boli durante cuarenta años. Lo abrimos poco, porque casi todo nos lo sabemos de memoria, pero sigue ahí, en la balda de las especias.

No hacemos cocina de autor ni platos que necesiten explicación. Hacemos tortilla, croquetas, callos los domingos y lo que diga el mercado. Lo único que no negociamos es el tiempo: la bechamel se remueve hasta que está, y el caldo empieza antes de que abramos la puerta.

Un día cualquiera

De la plaza a la barra.

Así se reparte una jornada en una cocina donde caben dos personas y media.

  1. Llega el mercado

    Pescado, verdura y lo que haya bonito. De ahí sale la pizarra del día.

  2. El caldo al fuego

    Huesos, verduras y paciencia. Huele hasta en la calle.

  3. La bechamel

    Cuarenta minutos removiendo con cuchara de palo. Sin atajos.

  4. Abrimos la puerta

    Primeras tortillas, primeros vermuts y los vecinos de siempre.

  5. Turno de noche

    Plancha caliente, raciones al centro y la barra llena hasta arriba.

  6. Se recoge

    Fogones limpios, croquetas formadas para mañana y luces fuera.

Tres normas de la casa

Lo que no cambia.

1

Todo se hace aquí

Croquetas, salsas, flan y torrijas. Si no lo hemos hecho nosotros, no está en la carta.

2

El mercado manda

Si un día no hay boquerones buenos, ese día no hay boquerones.

3

Pan para mojar

Siempre en la mesa, sin pedirlo. Una cazuela de gambas sin pan no tiene sentido.

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